Bob y Francyne Molnar: el poder de la oración
No mucho después de que mi esposo (Bob) y yo (Francyne) comenzáramos a asistir a una nueva iglesia, me invitaron a un estudio bíblico para mujeres. No conocía a nadie allí, pero mi esposo estaba trabajando en la estación de bomberos esa noche, así que decidí ir. Alrededor de 25 mujeres se reunieron de 7 a 9 p. m., y todo parecía normal, hasta alrededor de las 8:30.
De repente, sentí una fuerte agitación en mi espíritu, una profunda sensación de que algo andaba mal, y supe que tenía que ver con mi esposo. Siendo nueva y sin conocer a nadie, no fue fácil hablar, pero me sentí obligada a hacerlo. Interrumpí en voz baja y dije: “Disculpen, lo siento mucho, pero siento que algo le pasa a mi esposo. Es bombero y está trabajando esta noche. ¿Podríamos orar por él, por favor?”. Las mujeres fueron amables e inmediatamente se unieron a mí en oración.
A la mañana siguiente, cuando mi esposo llegó a casa, me preguntó cómo había ido el estudio bíblico. Le dije que fue maravilloso, hasta alrededor de las 8:30. Su rostro cambió. Comenzó a describir un incendio en un almacén al que habían acudido esa noche. Dentro del edificio, la visibilidad era casi nula. El humo se extendía por el techo y el calor se intensificaba como una ola que se movía hacia él. Se dio cuenta de que tenía que salir rápidamente. Cuando se giró para correr, sin estar seguro de su entorno, una pequeña ventana apareció de repente a la vista, dejando entrar la luz suficiente para guiarlo hacia afuera. Cuando saltó, las llamas estallaron detrás de él.
Miré el reloj. Eran exactamente las 8:30.
En ese momento, ambos lo supimos: Dios había impulsado la oración en el momento en que más la necesitaba. El Señor lo había protegido y lo había guiado fuera del peligro.
Juntos, alabamos a Dios por Su protección y por el increíble regalo de la oración.
A Él sea toda la gloria.
Bob y Francyne Molnar