Jason Ridgeway: un testimonio del poder sanador de Dios
Me llamo Jason Ridgeway. Soy esposo y padre de dos hijos, y mi vida dio un giro inesperado hace poco más de dos años y medio. Mientras trabajaba desde casa, sufrí un derrame cerebral repentino. Empecé a arrastrar las palabras, el lado derecho de mi cuerpo se entumeció y tropecé hasta la habitación donde jugaban mis hijos, tratando de convencerme a mí mismo, e incluso a ellos, de que todo estaba bien. Alcancé mi Biblia en audio para serenar mi mente, pero las palabras de mi corazón no podían salir de mi boca. Mi esposa reconoció inmediatamente la gravedad del momento. Lo que no sabíamos entonces era que este sería el comienzo de un viaje de curación milagroso, uno que daría gloria a Dios.
En los meses siguientes, el Señor restauró mi cuerpo por completo. Me recuperé totalmente del derrame cerebral y empecé a adoptar hábitos más saludables, hasta alcanzar un estado físico fuerte y saludable. Me sentía genial… hasta que, de repente, dejé de sentirme así.
Mi esposa y otras personas empezaron a notar un cambio en mi aspecto y comportamiento. Por precaución, fuimos al hospital para una revisión. Esa visita marcó el comienzo de la batalla más dura de nuestras vidas: un diagnóstico de cáncer de colon en estadio 4.
La lucha médica fue intensa y el pronóstico, devastador. Pero desde el principio, dejamos una cosa clara a todos los médicos, enfermeros y especialistas: pusimos nuestra fe en Jesucristo. Declaramos que nada es demasiado difícil para Él. El pasado mes de julio se cumplió un año desde aquel diagnóstico, y lo celebramos como un testimonio de la fidelidad de Dios. El equipo médico estimó originalmente que me quedaban menos de seis meses de vida, pero hoy esos mismos profesionales reconocen el innegable poder del Dios Todopoderoso obrando.
Ahora mismo, estamos viviendo en medio de un milagro. Aunque seguimos esperando el informe de un médico que declare la curación completa, nos mantenemos firmes en el informe del Señor y caminamos diariamente en Su poder sustentador. El pasado Domingo de Resurrección, adoré en la iglesia, no en una habitación de hospital, no con dolor, no en una silla de ruedas, sino de pie con alegría en mi corazón. Este viaje me ha llevado lejos en poco tiempo, y a través de todo ello, mi himno ha seguido siendo de alabanza y adoración. Dios sigue proveyendo para cada necesidad y ha elegido usar mi vida para mostrar Su poderosa mano.
A cualquiera que se enfrente a una batalla abrumadora, ya sea física, emocional o de otro tipo, quiero animarle: Dios es fiel. Dios es ilimitado. Dios es misericordioso. Así como los diez leprosos de las Escrituras fueron sanados mientras iban, sigan avanzando hacia la victoria. Dios nunca falla.
Gracias por cada oración, cada tarjeta y cada mensaje de ánimo. Su apoyo nos levanta cada día. Seguimos orando por los demás también, creyendo a Dios para avances, sanaciones y milagros en situaciones imposibles.
¡Alabado sea Dios! ¡Él sigue en el negocio de la sanación y los milagros!
Jason Ridgeway